Nadie entierra los nombres
Preguntas sobre la novela
Algunas respuestas sobre la novela, su contexto, sus temas y el proceso de documentación.
¿Qué tipo de novela es Nadie entierra los nombres?
Nadie entierra los nombres es una novela de ficción literaria y suspense psicológico, ambientada principalmente en México en 1983 y contada desde la memoria más de cuatro décadas después. Una investigación sobre supuestas apariciones marianas se entrelaza con los recuerdos y las dudas de un jesuita. La tensión crece de forma gradual, entre entrevistas, conflictos de poder y una experiencia cada vez más inquietante. Tiene pasajes de violencia y una fuerte carga emocional.
¿Está basada en hechos reales?
Es una historia de ficción, pero está inspirada en comportamientos, conflictos y sucesos que tienen raíces en la realidad. Algunos hechos históricos aparecen en la novela y conviven con personajes, instituciones y situaciones ficticias. Hay mucho de verdad detrás de las caretas, pero la novela sigue un hilo narrativo propio: construye y resuelve una trama, no pretende reconstruir una cronología.
¿Qué hay de real y qué hay de ficción en la novela?
Intenté ser lo más fiel posible a la realidad histórica de la época: no solo a los acontecimientos, sino también a las maneras de pensar, hablar y sentir de aquellos años. Las necesidades de la narración hacen aparecer instituciones, personas y lugares nacidos de la imaginación, aunque a veces funcionen como reflejos, más o menos distorsionados, de distintas realidades de la época. Hay ficción, hay historia y hay memoria. Las fronteras entre las tres no siempre son tan limpias como nos gustaría creer.
¿Por qué México en 1983?
La década de los ochenta fue fascinante en muchos sentidos. Se plantaban las semillas de la globalización, los medios de comunicación adquirían una fuerza nueva, cambiaban las políticas y emergían nuevos problemas sociales. Todavía vivíamos el último tramo de la Guerra Fría, mientras comenzaba a hacerse visible el impacto de las nuevas tecnologías.
México formaba parte de esa transformación y, además, era un país cercano a mi propia experiencia. Su fuerte sustrato religioso, una historia milenaria y una sociedad joven que buscaba nuevas formas de entenderse ofrecían un escenario especialmente rico en contrastes. Para esta historia, México en 1983 terminó siendo un traje a la medida.
¿Es una novela religiosa?
La fe y las instituciones religiosas forman parte central del conflicto. La novela las aborda a través de una investigación y de las contradicciones de sus personajes, sin exigir que el lector comparta sus creencias.
La fe es un fenómeno muy personal, y una de las preguntas que atraviesan la novela es si puede existir una forma de fe sin creer. La carta de Santiago afirma que la fe sin obras está muerta. Pero ¿qué ocurre con las obras sin fe?
¿Necesito conocer la Iglesia católica o la historia de México para leerla?
No. Todo lo necesario para comprender la historia está dentro de la propia novela.
México y la Iglesia católica proporcionan buena parte del contexto en el que los personajes intentan interpretar un acontecimiento inexplicable, pero no constituyen el único filtro. A lo largo de la historia aparecen también otras formas de entender la realidad, arraigadas en tradiciones y cosmovisiones anteriores o paralelas al catolicismo.
Conocer la época, la Iglesia o la historia de México puede enriquecer algunos matices de la lectura, pero no es imprescindible para entender su esencia.
¿Cuánta investigación histórica hay detrás de Nadie entierra los nombres?
Para reconstruir una época situada ya a más de cuatro décadas de distancia no basta con el recuerdo: inevitablemente, las experiencias se mezclan con cosas ocurridas antes o después.
La investigación me permitió contrastar esos recuerdos, comprobar que determinadas situaciones eran posibles y situar a los personajes dentro del pensamiento y la realidad de su tiempo. Espero que un lector que no vivió aquellos años encuentre también en la novela una perspectiva de aquella década.
¿Es una novela autoconclusiva?
Sí. La historia está concebida como una obra coherente y completa, con un principio y un final definidos. La trama cierra los cabos que necesita cerrar, aunque algunas de las preguntas que plantea quedan deliberadamente en manos del lector. Al fin y al cabo, la novela contempla la condición humana desde una memoria de cuarenta años, y cada lector llegará a ella con su propia experiencia.
¿Tiene Nadie entierra los nombres continuación?
No. Nadie entierra los nombres está concebida como un universo cerrado. Tiene un principio y un final definidos y existe por sí misma. No está prevista una continuación ni una expansión de su trama.
¿Pueden los clubes de lectura ponerse en contacto contigo?
Sí. Estaré encantado de conversar con clubes de lectura interesados en la novela y en los temas que plantea.
Nadie entierra los nombres puede abrir discusiones sobre la instrumentalización de la fe, la corrupción humana, la mercantilización de la fe y de lo inexplicable, los intereses políticos, los conflictos familiares, la fragilidad de la memoria y las distintas maneras de explicar aquello que no comprendemos. Los clubes interesados pueden escribirme por correo.
¿Dónde puedo conseguir la novela y en qué formatos está disponible?
El lanzamiento de Nadie entierra los nombres está previsto para el 20 de octubre de 2026. La preventa en Amazon corresponde a Kindle. Las ediciones de tapa blanda y tapa dura tienen el lanzamiento programado para esa fecha; su disponibilidad dependerá de la tienda y del país. Está prevista la inclusión de la edición digital en Kindle Unlimited.